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Hoy la fe se me escurre entre los dedos,
y no encuentro plegarias
que puedan consolarme.
Que están los tiempos duros
forzando las cancelas,
pisando los jardines,
dejando a niñas rotas en la calle,
sin nadie que las aparte de las ruedas,
sin nadie que las salve.
Sordo y ciego
el pie que las esquiva.
Hoy preciso de alguien que me mienta,
de alguien que me engañe,
que oculte con sonrisas de domingo
este amargo olor de la barbarie.